Hace aproximadamente un mes,
llevé a mis tíos a Sevilla para coger un tren que los llevaría a Lisboa en lo
que serían sus últimas vacaciones antes de este confinamiento que nos ha
sorprendido a todos. Después, me fui a esperar a unas amigas a una cafetería
que detesto y me gusta con la misma intensidad. Era un día de fiesta, así que
en mi mochila, solo llevaba un cuaderno, un bolígrafo y el libro de poemas que
mi prima Ángela acababa de publicar. Entonces me di cuenta de lo afortunada que
era al sentir que llevando ese libro conmigo, en cualquier momento podía
sacarlo, leer un poema y esconderme en él, en los pensamientos y sentimientos
que me provocaba, durante varios minutos. Eso me hacía sentirme segura,
protegida. Y pensé que por suerte, alguien me había enseñado a amar la poesía. Pensé
también en lo difícil que era enfrentarse a un poema como quien se enfrenta a
un río sin saber nadarlo –que es diferente de saber nadar-. Por eso escribí
sobre aquel cuaderno que llevaba encima, esta breve guía para leer poesía, que
necesitaría algunos cambios, dadas las circunstancias actuales, pero que he
querido dejar tal cual, en un ejercicio de esperanza, para que puedas recuperar
este texto más allá de esta cuarentena. Simplemente ahora, cambia eso de “ir a
comprar un libro” por “curiosear vuestra propia biblioteca” o “buscar los
poemas en internet”. Seguro que el libro de poemas
adecuado, te espera más cerca de lo que crees.
28-febrero-2020
Es posible que no leas poesía
desde aquel poema de Federico García Lorca que recitaste en voz alta delante de
todo el colegio el Día de Andalucía, y tiene todo el sentido del mundo.
Si vas a la estantería de libros
que tienes en casa, encontrarás títulos como “Poesía española V.V. A.A.”, “Mil
años de poesía española” o “Antología de la poesía universal”. Al abrirlos, es
probable que esos versos no te digan nada.
Nadie nos enseñó a leer poesía. El
sistema educativo con el que la mayoría hemos crecido nos enseña la vida y obra
de los poetas desde un punto de vista enciclopédico, y por supuesto, ignora
completamente a los actuales. Yo tuve la suerte no solo de que en mi casa
hubiese una estantería llena de libros desde que tengo memoria, sino de que
hubo una persona que me enseñó a leerla: mi padre. Fue él quien me dijo que no
se puede leer poesía como prosa, que hay que darle su tiempo y preparar también
tu mente para entenderla. El resto, lo he ido descubriendo yo misma, refugiándome
en ella entre las horas de estudio o cuando no tengo tiempo de leer nada más. Ahora
que no paso horas al día trasladándome en autobús, leo menos, pero esto me ha
hecho también poder leer más poesía.
Si en algún momento sientes que
la poesía te llama, no tengas miedo de acercarte a ella. Te dejo una breve guía
para comenzar a leer poesía o retomarla.
1. Elegir
el libro o poeta.
Hay dos opciones: preguntar a
alguien que suela leerla por dónde empezar o irte a la biblioteca/librería y
dejarte llevar por el azar. Abre los libros, ojéalos, tócalos y el que te llame,
llévatelo a casa.
Mi recomendación para empezar,
por su lenguaje y la universalidad de sus temas es “El amor, la vida, las
mujeres”, de Mario Benedetti.
2. Dejarlo
en un lugar en el que puedas acceder a él fácilmente.
Puede ser el cabecero de tu cama,
la mochila del trabajo o el bolso de los apuntes.
3. No
seas ansioso.
Aprovecha para leer un poco sobre
su autor. Una de las cosas que más me gustan de la poesía es que requiere un
tiempo de lectura totalmente diferente al que estamos acostumbrados, debido
especialmente a que casi todo lo leemos en redes sociales y por eso estamos
acostumbrados a textos cortos que leemos muy rápido. La poesía te para en seco;
no solo porque probablemente necesites leer algunos versos o incluso el poema
entero varias veces, sino porque si leyeses al ritmo normal al que estás
acostumbrado, el libro te duraría media hora y no te enterarías de nada.
Hazlo justo antes de dormirte o
tomando conciencia del lugar en el que estás. Si es por ejemplo, en la playa,
mira a tu alrededor, observa y escucha al mar, cierra los ojos y respira.
4. Pue des leer varios libros a la vez, elegir
cada noche uno.
En mi mesita de noche por
ejemplo, tengo dos, que alterno según me apetece.
5. Elige
uno o dos –máximo tres, dependiendo de su extensión-, y léelo despacio.
Muy despacio. Dale a cada verso,
a cada palabra el tiempo que necesite. Reléelo, deja que te hable de ti. Si hay
algo que te llega, señálalo para poder
volver a él cuando lo necesites. -¿quién
dijo que no se podía escribir en los libros? -.
Y anota las palabras que no entiendas, para poder buscar
su significado más adelante.
Pero a la vez:
6. Si
no entiendes algo, déjalo pasar.
No es la Piedra Rosetta, no
tienes que descifrarlo todo. A veces esa forma de mezclar las palabras será
suficiente solo por su sonido. Puede incluso que ese poema que ahora no te dice
nada, sí que lo haga en unos años. Dale tiempo. Vuelve a él.
7. Para
después de cada verso que te llegue. Cierra los ojos, respíralo.
Como Bonus Track y porque a veces
hay gente que hace las cosas de una forma tan inspiradora y bonita, aprovecho
para recomendar el documental “Veintisiete”, del que hablé hace un tiempo y que
te hará ver ese poema de Lorca que leíste en el colegio, de una manera
totalmente diferente, y te hará saber que gracias -en parte- a las nuevas
generaciones, la poesía no ha muerto, sino que es más necesaria que nunca.